Definición
La distinción entre el yo (I) y el mí (Me) constituye la estructura dialéctica interna del sí mismo (self) formulada por George Herbert Mead en su obra póstuma Mind, Self and Society (1934), compilada por sus discípulos a partir de los cursos dictados en la Universidad de Chicago. Mead sostiene que el self no es una entidad simple ni una sustancia unitaria sino un proceso reflexivo compuesto por dos momentos irreducibles y complementarios que se articulan dialécticamente en cada acto significativo. El mí (Me) designa la sedimentación internalizada de las actitudes que los otros dirigen hacia el sujeto en la interacción social. El mí es el sujeto tomado como objeto por el propio sujeto desde la perspectiva ajena, esto es, la imagen del sí mismo que se ha depositado en la conciencia por la acumulación de miles de encuentros interactivos en los que el sujeto ha aprendido cómo aparece ante los otros y qué expectativas normativas se dirigen hacia él. El mí es organizado, estructurado, coherente en cuanto emana de la asunción del otro generalizado (generalized other), esto es, del conjunto sistemáticamente articulado de actitudes que la comunidad de referencia comparte respecto de los roles y las conductas. El yo (I), por contraste, designa el momento espontáneo, creativo, novedoso e imprevisible de la respuesta del sujeto en el presente vivo de cada situación. El yo es el sujeto en cuanto agente activo que responde al mí y a la situación de manera nunca enteramente determinada, aportando la dimensión de la iniciativa, la sorpresa, la resistencia y la posibilidad de transformación. El yo no puede ser objetivado directamente por el propio sujeto porque siempre precede a la reflexión que sobre él pudiera dirigirse; sólo se conoce retrospectivamente por sus efectos observables una vez que el acto se ha realizado y se ha convertido en pasado. La dialéctica entre el yo y el mí sostiene la vida del self: el mí propone lo que se espera y se ha aprendido; el yo dispone en la respuesta concreta. Esta arquitectura dialéctica permite a Mead explicar simultáneamente la continuidad y la novedad de la conducta humana, el conformismo y la creatividad, la reproducción y la transformación de las estructuras sociales, e integra en un mismo esquema teórico la determinación social del individuo con su irreducible libertad. La categoría constituye el corazón del interaccionismo simbólico.