Definición
La tesis de la melancolía de género (gender melancholia) constituye una de las piezas más audaces de la teoría queer de Judith Butler, formulada de manera sistemática en El género en disputa (Gender Trouble, 1990) y desarrollada con mayor precisión conceptual en Cuerpos que importan (Bodies That Matter, 1993) y en Los mecanismos psíquicos del poder (The Psychic Life of Power: Theories in Subjection, 1997), particularmente en el ensayo “Melancholy Gender/Refused Identification”. La operación teórica consiste en articular tres referencias mayores del pensamiento contemporáneo —la reformulación freudiana del duelo y la melancolía en “Duelo y melancolía” (Trauer und Melancholie, 1917) y en El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923), la relectura lacaniana del complejo de Edipo, y la crítica foucaultiana de la sexualidad como dispositivo— para dar cuenta de la génesis psíquica de la identidad de género heterosexualmente normativa.
Freud había mostrado que el yo se constituye mediante identificaciones sucesivas con los objetos de amor perdidos: cuando renunciamos a un objeto amado, lo incorporamos como parte del propio yo. La melancolía patológica es, en su análisis, un duelo que no puede realizarse plenamente porque el sujeto ni siquiera puede reconocer conscientemente la pérdida sufrida. Butler traslada este dispositivo al análisis del género y sostiene que la identidad heterosexual normativa se produce mediante una pérdida no llorada, es decir, mediante la exclusión foreclusiva del amor homosexual originario que la matriz heterosexual obliga a renunciar sin siquiera permitir su reconocimiento como pérdida.
En la lectura butleriana, la ley heterosexual no simplemente prohíbe el incesto (como sostenía Lacan siguiendo a Lévi-Strauss); prohíbe además y previamente la homosexualidad, y lo hace de manera tan radical que el sujeto ni siquiera puede llorar la pérdida del objeto de amor del mismo sexo, porque nunca se le ha permitido reconocerlo como objeto de amor posible. La feminidad y la masculinidad heterosexuales normativas se constituyen entonces sobre una melancolía constitutiva: la mujer heterosexual sería aquella que nunca amó a otra mujer y por eso incorporó a la madre como identificación de género; el varón heterosexual sería aquel que nunca amó a otro varón y por eso incorporó al padre. La identidad de género es, en esta arquitectura, sedimento psíquico de un amor prohibido y no elaborado.
Las consecuencias teóricas y políticas del planteamiento son considerables. Primero, denaturaliza la identidad de género heterosexual mostrándola como resultado contingente de un dispositivo prohibitivo; segundo, permite pensar el drag y las performances no normativas como práctica de desmelancolización que trae a la superficie las identificaciones foreclusivas; tercero, articula el análisis con la crítica del duelo público —en Vida precaria (Precarious Life, 2004) y Marcos de guerra (Frames of War, 2009)— mostrando cómo ciertas vidas se declaran no llorables. Ha sido decisivo para los estudios trans, queer y feministas contemporáneos.