Definición

La ironía liberal constituye la posición filosófica y política característica del pragmatismo neoprégmata de Richard Rorty (1931-2007), articulada especialmente en “Contingencia, ironía y solidaridad” (Contingency, Irony, and Solidarity, 1989), obra que sintetiza su itinerario filosófico y define su horizonte ético. Rorty parte de un antifundacionalismo radical: no hay verdad correspondiente a la realidad tal como es en sí misma, no hay lenguaje privilegiado que refleje la naturaleza, no hay fundamentos ahistóricos para la moral, la política o el conocimiento. Todas nuestras descripciones del mundo son contingentes, están históricamente producidas mediante vocabularios finales que ofrecen los términos últimos con los que damos sentido a nuestra vida y a nuestros ideales. La ironista, según la caracterización de Rorty, es aquella persona que cumple tres condiciones. Primero, tiene dudas radicales y continuas sobre su propio vocabulario final, dado que conoce otros vocabularios que la impresionan y que podrían reemplazarlo. Segundo, se da cuenta de que los argumentos formulados en su vocabulario actual no pueden ni refutar ni corroborar estas dudas. Tercero, en la medida en que filosofa sobre su situación, no considera su vocabulario más cerca de la realidad que otros, ni tampoco lo considera en contacto con un poder distinto del propio uso lingüístico. La ironista vive en la conciencia de la contingencia radical de su vocabulario final. Pero Rorty combina esta ironía epistemológica con un liberalismo político sustantivo, aunque él mismo lo asume sin pretensión de fundamentación filosófica. La liberal, para Rorty siguiendo a Judith Shklar, es aquella que piensa que la crueldad es lo peor que podemos hacer. La ironista liberal combina así el escepticismo autocrítico sobre sus propios términos con el compromiso ético concreto de reducir la crueldad y ampliar la solidaridad, sin buscar fundamentos filosóficos últimos para ese compromiso. La solidaridad se construye mediante la ampliación imaginativa del nosotros, tarea que Rorty asigna preferentemente a la novela, al periodismo y a la etnografía, más que a la filosofía sistemática. La categoría fue provocadora y ha sido criticada por conservadores, marxistas y realistas morales, pero permanece como una de las formulaciones más originales del pragmatismo posanalítico.

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