Definición
La interioridad constituye una de las categorías filosóficas y teológicas fundamentales del pensamiento de Agustín de Hipona (354-430 d.C.), articulada especialmente en las “Confesiones” (Confessiones, 397-400), en “De vera religione” (390), en “De Trinitate” (400-416) y en múltiples pasajes de su obra homilética y polémica. Agustín sintetiza en la interioridad una tradición filosófica y una intuición teológica: la tradición platónica y neoplatónica de la conversión hacia el mundo inteligible, mediada especialmente por Plotino y Porfirio a los que Agustín leyó tras su lectura de los “libros platonicorum” en Milán, y la interpretación cristiana del alma como imagen de Dios (imago Dei) según la doctrina paulina y del Génesis. La vía agustiniana al conocimiento verdadero no procede primariamente hacia el mundo exterior mediante los sentidos, cuya insuficiencia epistémica Agustín critica agudamente, sino hacia el fondo del alma humana mediante un movimiento introspectivo que descubre progresivamente niveles cada vez más profundos: los sentidos externos, la sensibilidad común, la memoria (analizada extensamente en el libro X de las Confesiones como palacio abismal), y finalmente el fondo racional donde habitan las verdades eternas. En este núcleo más íntimo del alma, más íntimo que uno mismo (interior intimo meo), Agustín encuentra habitando la Verdad divina, en aquella iluminación de la mente por el logos divino que Agustín concibe como participación en la sabiduría de Dios. La célebre fórmula “noli foras ire; in te ipsum redi; in interiore homine habitat veritas” (no salgas al exterior; retorna a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad), formulada en “De vera religione”, condensa esta orientación filosófica. La interioridad agustiniana funda la tradición del cogito occidental como espacio de certeza epistémica y de encuentro con Dios, anticipa el cogito cartesiano (aunque orientado teológicamente), y ha marcado profundamente la mística cristiana, la fenomenología del sí mismo y el existencialismo religioso. Kierkegaard, Newman, Husserl y Ricoeur reconocen en Agustín una fuente decisiva.