Definición
La distinción entre interioridad y fisicalidad constituye el eje conceptual de la antropología comparativa de las ontologías culturales desarrollada por el antropólogo francés Philippe Descola en su obra fundamental “Más allá de naturaleza y cultura” (Par-delà nature et culture, 2005), síntesis mayor de sus décadas de investigación etnográfica entre los achuar de la Amazonía ecuatoriana y de reflexión teórica en el Collège de France. Descola se propone superar el dualismo naturaleza-cultura constitutivo de la modernidad occidental, mostrando que este dualismo es una ontología cultural específica y no una descripción universal de la experiencia humana. Para ello introduce dos categorías analíticas más finas: la interioridad, es decir, el conjunto de atributos considerados internos de un ser (conciencia, subjetividad, alma, intencionalidad, pensamiento, agencia), y la fisicalidad, es decir, el conjunto de atributos considerados externos (cuerpo, forma, sustancia, comportamiento observable). Cada cultura, sostiene Descola, articula estas dos dimensiones asignando semejanzas o diferencias entre los distintos tipos de seres del cosmos —humanos, animales, plantas, montañas, ríos, ancestros, espíritus—, y de esta articulación emergen cuatro ontologías fundamentales que agotan lógicamente las posibilidades combinatorias. El animismo —típico de las cosmologías amazónicas, siberianas y algunas norteamericanas— atribuye a los no humanos una interioridad semejante a la humana pero una fisicalidad diferente: el jaguar tiene un alma como la nuestra pero un cuerpo distinto. El totemismo —típico del aboriginalismo australiano— agrupa a humanos y no humanos en clases mixtas que comparten interioridad y fisicalidad. El analogismo —típico de las culturas mesoamericanas prehispánicas, de la Antigüedad grecolatina, del confucianismo y de la Europa medieval y renacentista— sostiene que todos los seres son diferentes tanto en interioridad como en fisicalidad, pero conectados por infinitas correspondencias analógicas que constituyen un cosmos jerarquizado. El naturalismo —típico de la modernidad occidental desde el siglo XVII— atribuye a los seres una fisicalidad común (todos somos materia gobernada por leyes naturales) pero reserva la interioridad genuina exclusivamente al ser humano. Esta matriz constituye una herramienta poderosa para el análisis comparativo de las cosmologías culturales.