Definición

La comprensión de la virtud (aretē) como hábito o disposición estable (hexis) constituye una de las contribuciones fundacionales de la ética aristotélica y encuentra su exposición canónica en la Ética a Nicómaco, particularmente en los libros I y II, redactada por Aristóteles como parte de su enseñanza en el Liceo entre 335 y 322 a. C. y transmitida como notas de curso editadas posteriormente por su hijo o discípulo homónimo. Aristóteles distingue dos tipos fundamentales de virtud según su origen y su naturaleza. Las virtudes intelectuales (dianoetikai), entre las que se cuentan la sabiduría teórica (sophia), la prudencia (phronesis) y la inteligencia (nous), se adquieren principalmente mediante la enseñanza y perfeccionan las facultades cognoscitivas del alma racional. Las virtudes éticas o morales (ethikai), entre las que sobresalen la valentía, la templanza, la generosidad, la magnanimidad, la mansedumbre, la veracidad, la amabilidad y la justicia en sentido estricto, se adquieren mediante el hábito (ethos, de donde la palabra ética misma) y perfeccionan la parte apetitiva del alma en su capacidad de obedecer a la razón. La virtud ética no es una emoción ni una facultad natural sino una disposición estable adquirida (hexis) que se forma mediante la repetición de actos análogos: se llega a ser justo realizando actos justos, valiente realizando actos valientes, templado realizando actos templados. Esta concepción distingue rigurosamente entre el acto virtuoso del principiante, que hace lo bueno pero sin la disposición interior estable, y el acto virtuoso del hombre virtuoso propiamente dicho, que actúa por hábito consolidado con conocimiento, elección deliberada y estabilidad de carácter. La virtud ética se define además por su estructura relacional con las emociones y las acciones: consiste en el término medio (mesotēs) entre dos extremos viciosos, uno por exceso y otro por defecto, término medio determinado no de manera aritmética sino según la razón práctica y las circunstancias particulares del sujeto. La valentía, por ejemplo, es el medio entre la cobardía y la temeridad; la generosidad, el medio entre la avaricia y la prodigalidad. La virtud como hábito se articula con las nociones de eudaimonía, deliberación, elección y prudencia, y constituye el fundamento de la ética de las virtudes retomada por Alasdair MacIntyre, Philippa Foot y toda la ética contemporánea del carácter.

Pensadores donde aparece

Ver también