Definición
La tesis de la verdad como subjetividad (Sandheden er Subjektiviteten) constituye una de las intervenciones filosóficas decisivas del pensamiento moderno y fue formulada por Søren Kierkegaard en el Postscriptum no científico y definitivo a las migajas filosóficas (Afsluttende uvidenskabelig Efterskrift til de philosophiske Smuler, 1846), obra publicada bajo el pseudónimo Johannes Climacus como parte del proyecto de comunicación indirecta que atraviesa la producción kierkegaardiana. La formulación célebre “la subjetividad es la verdad, la subjetividad es la realidad” (Subjektiviteten er Sandheden, Subjektiviteten er Virkeligheden) condensa una posición filosófica cuidadosamente construida en polémica explícita con el sistema hegeliano y con el racionalismo especulativo dominante en Copenhague.
Kierkegaard no niega la existencia ni la validez de la verdad objetiva. Reconoce que en el ámbito de las ciencias matemáticas, físicas e históricas la verdad se establece mediante procedimientos que exigen la apropiación del sujeto por el objeto: el investigador debe subordinar sus preferencias personales a las evidencias, someterse a los métodos disciplinarios, aceptar los resultados aunque le disgusten. La verdad objetiva se sostiene por su correspondencia con el estado de las cosas o por su coherencia sistemática, con independencia de quién la afirme y de cómo la viva. La suma de los ángulos de un triángulo euclidiano es 180 grados sea quien sea el geómetra; el agua hierve a los 100 grados centígrados a nivel del mar sea quien sea el observador.
El giro kierkegaardiano consiste en sostener que precisamente en las cuestiones existenciales decisivas —el sentido de mi vida, la fe religiosa, el compromiso ético, la relación con el amor, con la muerte, con Dios— este modelo objetivo de verdad resulta insuficiente y hasta engañoso. En estas cuestiones, la verdad decisiva no es aquella que puede establecerse mediante procedimientos generales y aceptables por cualquiera; es aquella que uno vive, aquella por la que uno se juega, aquella que compromete la existencia entera del sujeto. La verdad de la fe cristiana, por ejemplo, no se decide mediante argumentos históricos ni pruebas teológicas: se decide en el salto (Springet) mediante el cual el creyente arriesga su existencia sobre lo objetivamente incierto.
Kierkegaard formula así una definición operativa: “una incertidumbre objetiva sostenida mediante la apropiación más apasionada de la interioridad es la verdad, la verdad más alta que existe para un existente”. La objetividad de la afirmación no importa —o importa poco— comparada con el modo en que el sujeto se apropia de ella. Un creyente que sostiene una teología correcta pero sin pasión existencial está más lejos de la verdad religiosa que un pagano apasionado que idolatra a un dios falso pero con toda su interioridad: el primero tiene la doctrina exacta pero sin verdad subjetiva; el segundo tiene subjetividad plena en un objeto falso.
Esta tesis funda el existencialismo como corriente filosófica y anticipa figuras como Dostoievski, Nietzsche, Heidegger, Sartre, Jaspers y Marcel. Anticipa también la crítica contemporánea de la razón instrumental y de las ciencias humanas positivistas incapaces de captar la dimensión existencial de la experiencia. El planteamiento sigue interpelando la reflexión sobre el compromiso, la autenticidad, la fe y el sentido en la modernidad tardía.