Definición

La situación ideal de habla (ideale Sprechsituation) es un dispositivo teórico central de la teoría de la acción comunicativa desarrollada por Jürgen Habermas, formulado inicialmente en el ensayo “Vorbereitende Bemerkungen zu einer Theorie der kommunikativen Kompetenz” (1971) y elaborado sistemáticamente en la monumental Theorie des kommunikativen Handelns (1981) y en los ensayos posteriores sobre ética discursiva. Habermas sostiene que toda acción comunicativa orientada al entendimiento presupone contrafácticamente ciertas condiciones ideales sin las cuales no tendría sentido siquiera intentar convencer racionalmente al otro. Estas condiciones no describen ninguna situación empírica realmente existente y no son alcanzables plenamente en ningún diálogo histórico concreto, pero operan como presuposiciones necesarias del acto mismo de argumentar y como criterios normativos desde los cuales evaluar la calidad democrática de los intercambios reales. Las condiciones de la situación ideal de habla incluyen: primero, la simetría comunicativa, esto es, la igualdad de oportunidades de todos los participantes para tomar la palabra, plantear cuestiones, ofrecer razones e impugnar afirmaciones; segundo, la sinceridad o veracidad de los hablantes en cuanto a la coincidencia entre lo que dicen y lo que piensan o quieren; tercero, la comprensibilidad de las emisiones lingüísticas; y cuarto, la corrección normativa de los enunciados regulativos según normas compartidas o justificables. Habermas sostiene que en cada acto de habla el hablante formula tres pretensiones de validez simultáneas —de verdad respecto de los estados de cosas, de rectitud respecto de las normas, de veracidad respecto de las intenciones— cuya redimibilidad exige la posibilidad ideal de un discurso donde las pretensiones puedan ser problematizadas y contrastadas mediante argumentos, no mediante coacción. La situación ideal de habla provee así el fundamento pragmático-trascendental de la ética discursiva y de la política deliberativa habermasianas, y funciona como criterio crítico para denunciar las distorsiones comunicativas producidas por relaciones de poder, dominación y mercado. La categoría ha sido criticada por su idealismo trascendental y por su presunta insensibilidad a las diferencias culturales, y ha sido reformulada por Habermas mismo en términos más pragmatistas en obras posteriores.

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