El logocentrismo constituye una de las categorías críticas fundamentales de la deconstrucción de Jacques Derrida (1930-2004), articulada especialmente en “De la gramatología” (De la grammatologie, 1967), “La voz y el fenómeno” (La voix et le phénomène, 1967) y “La escritura y la diferencia” (L’écriture et la différence, 1967), los tres textos fundacionales publicados el mismo año. Derrida acuña el término para diagnosticar la estructura profunda que atraviesa a la metafísica occidental desde Platón hasta Husserl y Heidegger inclusive, estructura que privilegia jerárquicamente al logos —la razón, la palabra, el sentido, la presencia consciente— sobre sus términos supuestamente derivados o secundarios: la escritura, el signo, la ausencia, la diferencia, la marca material. La expresión completa que Derrida frecuentemente utiliza es fonologocentrismo, subrayando el privilegio específico de la voz (phoné) como vehículo puro del pensamiento sobre la escritura (gramme) concebida como vehículo secundario, exterior, material y contaminante. Este privilegio no es un accidente histórico sino la estructura constitutiva de la metafísica occidental como metafísica de la presencia. La voz aparecería como la presencia inmediata del pensamiento a sí mismo en el acto de decir, mientras que la escritura sería una segunda operación, exterior, artificial, sospechosa por su capacidad de circular sin autor presente, de repetirse en ausencia, de generar equívocos. Toda la filosofía occidental, muestra Derrida en lecturas minuciosas de Platón, Rousseau, Saussure, Husserl y Lévi-Strauss, reproduce esta jerarquía y la naturaliza. La operación deconstructiva no consiste simplemente en invertir la jerarquía privilegiando la escritura sobre la voz, sino en mostrar que la estructura misma de la significación exige la différance (con a), la escritura arqui-original, la marca previa a la distinción entre voz y escritura empíricas. La différance no es un concepto sino la estructura que hace posible tanto los conceptos como sus oposiciones. El logocentrismo se articula además con el falogocentrismo denunciado por las feministas deconstructivas, con el etnocentrismo occidental y con la metafísica de la presencia como matriz general. La categoría ha sido central para los estudios postestructuralistas, la crítica literaria y los estudios poscoloniales.

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