Definición

La ironía socrática, del griego eironeía que significa disimulo, fingimiento o disimulación, designa aquella actitud discursiva mediante la cual Sócrates, tal como aparece retratado en los diálogos de Platón y de Jenofonte, finge ignorancia respecto de aquellos asuntos sobre los cuales sus interlocutores proclaman saber, con el propósito de poner al descubierto, mediante preguntas aparentemente ingenuas, la inconsistencia y la vacuidad del pretendido saber ajeno. La ironía socrática no debe confundirse con la burla superficial ni con la mera afectación de humildad, sino comprenderse como una estrategia pedagógica y filosófica de considerable sofisticación cuya finalidad última es despertar en el interlocutor la conciencia de su propio no-saber, condición sin la cual la investigación filosófica genuina no puede comenzar. Kierkegaard dedicó su tesis doctoral Sobre el concepto de ironía en constante referencia a Sócrates (Om Begrebet Ironi med stadigt Hensyn til Socrates, 1841) a examinar esta figura, distinguiéndola cuidadosamente de la ironía romántica posterior y subrayando su función existencial de liberar al interlocutor de las falsas certezas que lo mantenían atrapado en formas de vida no examinadas. La ironía opera en los diálogos socráticos mediante varios recursos característicos que conviene precisar. En primer lugar, la disminución retórica de Sócrates ante el saber del interlocutor, disminución que induce a este último a expandirse confiadamente en sus tesis. En segundo lugar, la formulación de preguntas cuya aparente simplicidad oculta trampas conceptuales que revelan las contradicciones latentes de la posición defendida. En tercer lugar, la aceptación provisional de premisas ajenas cuya explicitación consecuente conduce a conclusiones absurdas o incompatibles con las convicciones profundas del interlocutor. En cuarto lugar, la refutación final que no consiste en imponer una tesis alternativa sino en dejar al interlocutor sumido en la aporía. La ironía socrática se articula estructuralmente con la mayéutica, formando ambas los dos momentos de un mismo método dialéctico: la ironía disolvería las falsas certezas y la mayéutica facilitaría el alumbramiento de conocimientos genuinos. Aristóteles, en la Ética a Nicómaco, sitúa la ironía entre las virtudes del carácter en tanto disposición mesurada opuesta a la jactancia, mientras que los sofistas contemporáneos de Sócrates la percibieron con marcada hostilidad como maniobra desleal. La figura ha ejercido influencia decisiva en la filosofía occidental, particularmente en Kierkegaard y en Nietzsche.

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