Definición

La intuición constituye el método filosófico privilegiado de Henri Bergson (1859-1941), articulado especialmente en “Introducción a la metafísica” (1903), “La evolución creadora” (L’évolution créatrice, 1907) y “El pensamiento y lo moviente” (La pensée et le mouvant, 1934). Bergson la define en contraste con la inteligencia analítica, que constituye para él la modalidad ordinaria del conocimiento científico y cotidiano orientada primariamente a la acción práctica sobre la materia. La inteligencia procede fragmentando el objeto en elementos simples, comparándolo con objetos ya conocidos, subordinándolo a conceptos generales espacializados y descomponiendo el flujo continuo de lo real en instantes discretos y en trayectorias cinematográficas. Este método resulta operativamente eficaz para dominar la materia inerte pero radicalmente inadecuado para captar la duración interna (durée), la vida y el yo profundo, cuya naturaleza es cualitativa, continua, creativa y esencialmente temporal. La intuición, por contraste, es un método filosófico específico que consiste en la simpatía por la cual uno se transporta al interior de un objeto para coincidir con lo que tiene de único y por consiguiente de inexpresable. Se trata de un conocimiento por adentro, por identificación con el impulso creador del objeto, que capta la duración concreta antes que su representación espacializada. La intuición no es un sentimiento místico irracional sino un esfuerzo filosófico riguroso, arduo, que requiere educación y disciplina, y que proporciona certezas conceptuales precisas aunque no reductibles al lenguaje analítico. Bergson aplica la intuición al conocimiento de la duración pura del yo profundo, al élan vital como impulso creador de la evolución, a la memoria como conservación pura del pasado, y a la libertad como emergencia imprevisible de novedad. La intuición bergsoniana ha influido decisivamente en la fenomenología (Merleau-Ponty), en el vitalismo del siglo XX, en el pragmatismo de William James con quien Bergson mantuvo correspondencia, en la filosofía del proceso de Whitehead y en la ontología deleuziana, particularmente en “El bergsonismo” (1966) donde Deleuze reelabora el método intuitivo como diagnóstico de los falsos problemas.

Pensadores donde aparece

Ver también