Definición
La categoría de industria cultural, forjada por Theodor W. Adorno y Max Horkheimer en el capítulo homónimo de la Dialéctica de la Ilustración (Dialektik der Aufklärung, escrita durante el exilio californiano y publicada en 1947), constituye una de las contribuciones más influyentes de la primera generación de la Escuela de Fráncfort al diagnóstico crítico del capitalismo tardío. Los autores subrayan explícitamente que el término no debe confundirse con “cultura de masas”, expresión que sugeriría erróneamente que la cultura industrial brota espontáneamente de las masas mismas, cuando en realidad se trata de un sistema de producción centralizado, jerárquico y estandarizado que se dirige a las masas como consumidores pasivos y que integra su conciencia al circuito de valorización capitalista. La industria cultural, según su análisis, aplica al terreno de la cultura los principios racionalizados del capitalismo industrial, esto es, la producción en serie, la división del trabajo, la estandarización de los productos, la planificación del consumo y el cálculo minucioso de los efectos sobre el público. Los productos de esta industria, sean películas de Hollywood, canciones populares, radiodramas, revistas ilustradas o programas de entretenimiento, comparten una estructura común caracterizada por la formulación repetitiva, por la pseudoindividualización que disfraza la identidad esencial de todos los productos, por la clausura narrativa que confirma los estereotipos vigentes y por la producción de una satisfacción sustitutiva que compensa las frustraciones de la vida real sin transformar sus condiciones objetivas. La tesis crítica de Adorno y Horkheimer sostiene que este sistema opera una integración total de las masas al orden social existente, integración tanto más eficaz cuanto que se presenta como distracción libre y elección personal del consumidor, mientras que en realidad organiza los tiempos, los deseos y las categorías perceptivas de modo que reproduzcan las condiciones de dominación. La industria cultural constituye así una forma de dominación cuya novedad histórica reside en que ha extendido la lógica del mercado a la esfera antes relativamente autónoma del arte y la cultura, cancelando la función crítica que las vanguardias burguesas del siglo XIX podían todavía ejercer. El diagnóstico, aunque criticado posteriormente por su pesimismo unilateral y por su presunta subestimación de las apropiaciones creativas de las audiencias, continúa suministrando categorías indispensables para el análisis de las plataformas digitales contemporáneas.