Definición
La humildad epistémica, aunque no aparece como categoría técnica en la tradición filosófica clásica con este nombre exacto, ha sido articulada como virtud intelectual central por Carl Sagan en el conjunto de sus obras de divulgación científica, particularmente en El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad (The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark, 1995), texto testamentario redactado poco antes de su muerte. Sagan sostiene que la humildad epistémica no es opcional en el ejercicio del pensamiento científico sino su condición constitutiva, puesto que la propia dinámica de la investigación descansa sobre el reconocimiento explícito de que nuestras teorías actuales son provisionales, que están sujetas a revisión permanente frente a nueva evidencia y que los errores forman parte esencial del proceso mediante el cual el conocimiento avanza. Esta actitud se distingue nítidamente de la humildad forzada o de la falsa modestia, puesto que no exige minimizar los logros efectivos del conocimiento científico sino reconocer con precisión su alcance limitado, su carácter falible y su distancia respecto de cualquier pretensión de certeza absoluta. La humildad epistémica se articula, en el pensamiento sagáneo, con dos disposiciones complementarias que juntas configuran lo que él denominó el “kit de detección de tonterías” (baloney detection kit), a saber, la exigencia de evidencia proporcional a las afirmaciones y la apertura constante a considerar hipótesis alternativas. La humildad epistémica funciona además como antídoto frente a dos peligros simétricos que amenazan permanentemente el pensamiento humano. Por un lado, el dogmatismo, esto es, la fijación de creencias como incuestionables al margen de la evidencia; por otro, el relativismo escéptico radical que, al negar toda posibilidad de conocimiento fiable, desemboca en un cinismo que iguala todas las opiniones y facilita la manipulación demagógica. Sagan situó esta virtud en el centro de su crítica a las pseudociencias, a las conspiraciones y al pensamiento mágico, y la propuso como condición cívica indispensable para las democracias contemporáneas frente a los desafíos de la desinformación y el populismo antiintelectual. La categoría continúa siendo referencia fundamental en la filosofía de la ciencia y en la ética intelectual contemporánea, particularmente frente a los desafíos de las redes sociales y las nuevas formas de manipulación cognitiva.