Definición
Las formas de vitalidad, categoría central en la obra de Daniel N. Stern desde “El mundo interpersonal del infante” (1985) hasta su elaboración más sistemática en “Forms of Vitality” (2010, publicada póstumamente en español como “Las formas de vitalidad”), designan las cualidades dinámicas de la experiencia afectiva y del movimiento que atraviesan tanto la vida psíquica humana como su expresión conductual y artística. Se distinguen de las emociones categoriales discretas como alegría, ira o miedo por su carácter formal, cinético y modal antes que representacional: son perfiles temporales de intensidad, contornos de fuerza, ritmos, aceleraciones y desaceleraciones que caracterizan el modo en que un afecto o una acción se despliega en el tiempo. Stern los describe con adverbios y verbos gerundivos como surgiendo, hinchando, disolviendo, estallando, arrastrando, flotando, palabras que capturan la forma dinámica del vivir. En su psicología evolutiva, las formas de vitalidad son primarias respecto de las emociones categoriales: constituyen la textura afectiva más elemental de la experiencia infantil y proporcionan el sustrato sobre el cual se produce la sintonización afectiva entre madre e infante, mecanismo intersubjetivo fundamental para la constitución del sí mismo emergente y del sí mismo nuclear. La madre no solo imita el afecto del bebé sino que traduce cruzadamente su forma de vitalidad de una modalidad sensorial a otra, un gesto en un sonido o viceversa, comunicando así el reconocimiento del estado interno. Stern extiende la noción al arte, la danza, la música y la psicoterapia, mostrando cómo estas prácticas trabajan con y sobre formas de vitalidad. La categoría dialoga con la fenomenología del cuerpo vivido, con el afecto en Deleuze y con las teorías contemporáneas de la cognición encarnada.