Definición

El ethos barroco, categoría que Bolívar Echeverría elabora sistemáticamente en La modernidad de lo barroco (1998) y en Modernidad y blanquitud (2010), forma parte de una tipología cuádruple de los ethe históricos con los cuales las sociedades han enfrentado la contradicción fundamental de la modernidad capitalista, esto es, la subordinación del valor de uso al valor de cambio. Echeverría distingue cuatro modalidades históricas de esta gestión de la contradicción, a saber, el ethos realista, el ethos romántico, el ethos clásico y el ethos barroco, cada uno de los cuales propone una manera específica de vivir con la subsunción capitalista sin sucumbir a ella por completo. El ethos realista es propio del norte protestante y consiste en identificar plenamente lo bueno con lo útil según los criterios del capital, disolviendo así la tensión al aceptar los términos que el capital impone. El ethos romántico busca romper con esta identificación mediante el rechazo emocional y la reivindicación de la subjetividad creadora frente a la máquina. El ethos clásico contempla la contradicción con distancia estoica sin pretender resolverla. El ethos barroco, por su parte, característico de la América hispana surgida del mestizaje colonial y del catolicismo posconciliar, opta por una vía teatral y perfomativa mediante la cual se acepta formalmente la primacía del valor de cambio, pero se la subvierte en el interior de la representación misma, produciendo excedentes cualitativos de sentido, de belleza y de vida que escapan a la contabilidad del capital. Echeverría rastrea esta modalidad en las estrategias culturales del Nuevo Mundo colonial, particularmente en la Compañía de Jesús, en la teatralidad de los espacios eclesiásticos, en las fiestas populares, en el sincretismo religioso y en la producción artística novohispana, y sostiene que el ethos barroco pervive en las formas contemporáneas de la cultura latinoamericana como reserva crítica frente a la homogeneización global. La categoría permite pensar América Latina no como retraso respecto de la modernidad europea sino como modalidad alternativa y crítica del mismo proceso moderno, cuya productividad teórica y política reside en la posibilidad de resistir la lógica mercantil mediante estrategias de teatralización, exceso y transfiguración simbólica.

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