Definición

La categoría de blanquitud, elaborada por Bolívar Echeverría en el libro Modernidad y blanquitud (2010), constituye una contribución original de la filosofía latinoamericana al análisis crítico de la modernidad capitalista y de sus dispositivos de identidad. Echeverría propone distinguir con precisión conceptual la blanquitud de la blancura racial, aun reconociendo la superposición histórica entre ambas. La blancura designa el fenotipo caucásico como rasgo somático heredado, mientras que la blanquitud designa una identidad ético-civilizatoria producida por la modernidad capitalista, que exige a los sujetos comportarse conforme a determinados criterios de disciplina, laboriosidad, ahorro, racionalidad instrumental, autocontrol emocional y proyecto vital orientado a la acumulación. Esta identidad, cuya matriz Echeverría rastrea en la ética protestante analizada por Weber pero cuya extensión desborda ampliamente su origen religioso, ha llegado a constituirse en la forma humana normal que el capital reclama de todo sujeto para reconocerlo como plenamente moderno. La sutileza del análisis reside en mostrar que la blanquitud puede ser asumida por sujetos no blancos en el sentido racial, quienes al internalizar sus exigencias comportamentales pueden acceder a diversos grados de reconocimiento social y económico, mientras que la blancura racial sin blanquitud no garantiza automáticamente ese reconocimiento. Sin embargo, la disociación entre ambas nunca es total, puesto que la fisonomía blanca funciona como marca visible que facilita el reconocimiento automático de la blanquitud, mientras que la fisonomía no blanca exige a su portador exhibir señales redoblados de comportamiento adecuado para compensar la desventaja perceptiva. La categoría permite comprender fenómenos aparentemente contradictorios de las sociedades latinoamericanas, como la coexistencia de discursos oficiales antirracistas con prácticas cotidianas de discriminación fenotípica, o la aspiración de las clases medias emergentes a “blanquearse” cultural y estéticamente sin necesariamente aclarar su piel. La blanquitud opera así como dispositivo simbólico que naturaliza las jerarquías capitalistas al presentar su producto histórico específico como forma universal de humanidad legítima.

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