Definición
La desdicha, término con el cual la tradición hispanófona ha traducido habitualmente el francés malheur tal como lo emplea Simone Weil, particularmente en el ensayo El amor de Dios y la desdicha (L’amour de Dieu et le malheur, escrito hacia 1942 y publicado póstumamente en Espera de Dios en 1950) y en los cuadernos que darán lugar a La gravedad y la gracia (La pesanteur et la grâce, publicado póstumamente en 1947), designa una experiencia extrema del sufrimiento humano cuya densidad conceptual excede considerablemente la del dolor ordinario o el infortunio pasajero. Weil distingue con precisión el sufrimiento (souffrance), que puede ser fecundo, purificador o pedagógico, de la desdicha, cuya característica esencial reside en la conjunción simultánea de tres componentes que la vuelven irreductible a cualquier otra experiencia negativa. En primer lugar, la desdicha comporta un sufrimiento físico prolongado o la amenaza permanente de éste, esto es, se enraíza en el cuerpo y no queda confinada al alma. En segundo lugar, comporta una angustia moral y psicológica que impregna la totalidad de la vida sin que ningún ámbito ofrezca refugio. En tercer lugar, y este es el rasgo más singular del análisis weiliano, comporta la marca de la degradación social, esto es, aquella condición mediante la cual el desdichado deja de ser considerado como plenamente humano por su entorno, se vuelve invisible, despreciable o directamente inexistente ante los ojos de los otros. La desdicha así configurada no ennoblece al que la padece, tesis contra la cual Weil polemiza explícitamente al advertir que las almas heroicas resisten al sufrimiento pero rara vez a la desdicha, cuya operación específica consiste precisamente en despojar al alma de su capacidad de resistir. La categoría se enraíza biográficamente en la experiencia de Weil como obrera fabril durante 1934-1935, período en el cual la filósofa quiso comprender por experiencia propia la condición del proletariado industrial y descubrió allí una forma de humillación cuya cualidad específica no había encontrado en ningún texto anterior. La desdicha pone en cuestión la teodicea tradicional y obliga a Weil a elaborar una teología radical de la ausencia divina, la creación como retirada (descreación) y el amor que persiste sin consolación. La atención al desdichado se convierte, en la ética weiliana, en el criterio decisivo de toda humanidad auténtica.