Definición
La tolerancia a la incertidumbre (tolerance of uncertainty) constituye uno de los siete principios cardinales del enfoque del Diálogo Abierto (Open Dialogue) desarrollado por Jaakko Seikkula y sus colaboradores del Hospital Keropudas de Tornio, en la Laponia occidental finlandesa, a partir de mediados de los años ochenta, y expuesto sistemáticamente en obras como Dialogical Meetings in Social Networks (2006, con Tom Erik Arnkil) y Diálogos abiertos y anticipaciones terapéuticas: Respetando la alteridad en el momento presente (2019). El Diálogo Abierto emergió como respuesta al colapso del sistema psiquiátrico institucional en la región y ha logrado documentados resultados clínicos superiores en el tratamiento de los primeros episodios psicóticos frente a los modelos convencionales de hospitalización y farmacoterapia. Los siete principios rectores del enfoque son la ayuda inmediata (dentro de las veinticuatro horas de la solicitud), la perspectiva de red social (incluyendo a la familia y personas significativas desde el primer encuentro), la flexibilidad y movilidad (ajuste continuo a las necesidades específicas), la responsabilidad (el primer clínico contactado asume el caso hasta el final), la continuidad psicológica (mismo equipo a lo largo del tratamiento), la tolerancia a la incertidumbre y el dialogismo. La tolerancia a la incertidumbre se refiere específicamente a la capacidad terapéutica de sostener el no-saber, la ambigüedad y la falta de resolución inmediata sin buscar cierres diagnósticos prematuros ni intervenciones farmacológicas apresuradas que interrumpan el proceso conversacional. Seikkula sostiene, en diálogo con Bakhtin y con la fenomenología del encuentro, que las crisis psicóticas frecuentemente contienen dimensiones dialógicas no cumplidas cuya elaboración requiere tiempo y espacio conversacional adecuado, y que los aparatos institucionales convencionales tienden a bloquear precisamente esta elaboración mediante su presión por respuestas rápidas. La tolerancia a la incertidumbre implica reunirse repetidamente con la persona en crisis, con su red y con el equipo tratante para dejar que los significados emerjan progresivamente en las polifonías conversacionales, sin cerrar el proceso mediante interpretaciones diagnósticas terminales. Esta postura terapéutica dialoga con el no-saber de la terapia colaborativa de Anderson y con las prácticas dialógicas del reflecting team de Tom Andersen, y ha influido en las reformas comunitarias de salud mental contemporáneas.