Definición
La teoría James-Lange de la emoción es una tesis periferalista formulada de manera independiente y casi simultánea por William James en su artículo “What is an Emotion?” publicado en Mind en 1884 y desarrollada posteriormente en los Principles of Psychology (1890), y por el fisiólogo danés Carl Lange en Om Sindsbevægelser (Sobre las emociones, 1885). La teoría invierte la comprensión de sentido común y filosófica tradicional según la cual un estímulo provoca primero una emoción psíquica y ésta produce luego sus manifestaciones corporales (temblor, taquicardia, lágrimas, ruborización). Para James y Lange, el orden es exactamente el inverso: la percepción del estímulo produce directamente cambios corporales viscerales y musculares, y la emoción consciente consiste precisamente en la percepción de esos cambios corporales periféricos. En la formulación célebre de James, no lloramos porque estemos tristes sino que estamos tristes porque lloramos, no huimos porque tengamos miedo sino que tenemos miedo porque huimos, no atacamos porque estemos furiosos sino que estamos furiosos porque atacamos. La emoción es así el eco consciente de la reacción corporal automática que el estímulo desencadena, no su causa desde una interioridad psíquica previa. Esta tesis situaba a James en la vanguardia del psicologismo de finales del siglo XIX y anticipaba desarrollos posteriores de la psicología de las emociones. Si bien la teoría fue criticada duramente por Walter Cannon en su artículo “The James-Lange Theory of Emotion: A Critical Examination” (1927), donde Cannon argumentaba que los cambios viscerales son demasiado lentos, indiferenciados e inespecíficos para explicar la variedad de las emociones humanas, sus intuiciones básicas han sido reivindicadas en distintos grados por la investigación contemporánea de las neurociencias afectivas, particularmente por Antonio Damasio en su hipótesis del marcador somático y por el paradigma de las emociones somáticas. La teoría se articula filosóficamente con el pragmatismo jamesiano en tanto ambos privilegian el papel activo y corporalizado del sujeto en la constitución de su experiencia, y con la fenomenología de la vida encarnada que desarrollarán más tarde Merleau-Ponty y sus herederos contemporáneos.