Definición

La categoría de sujeto en proceso (sujet en procès) es una de las contribuciones más originales que Julia Kristeva aporta a la teoría del sujeto en la intersección de la semiótica, el psicoanálisis lacaniano, la filosofía fenomenológica y la teoría literaria de vanguardia. Aparece de manera sistemática en su tesis doctoral y libro fundacional La révolution du langage poétique (La revolución del lenguaje poético, 1974), obra dedicada al análisis del lenguaje poético de Mallarmé y Lautréamont como escenario privilegiado donde el sujeto muestra su naturaleza inestable. El francés en procès juega deliberadamente con la doble acepción del término: sujeto en proceso (en devenir, en transformación continua) y sujeto en proceso (bajo acusación, en juicio, cuestionado), pluralidad semántica que la traducción castellana difícilmente conserva.

Kristeva rechaza tanto la concepción cartesiana del sujeto como unidad autoidéntica y autotransparente cuanto la reducción estructuralista del sujeto a mero efecto del significante lingüístico. En su lugar, propone pensar el sujeto como resultado siempre provisional, siempre precario, de una tensión dialéctica entre dos registros: lo semiótico (le sémiotique), que designa las pulsiones, ritmos, cadencias, energías pre-verbales heredadas del cuerpo materno y anclado en lo que Platón, en el Timeo, llamaba chora; y lo simbólico (le symbolique), que corresponde a la Ley del padre en sentido lacaniano, es decir, al orden lingüístico, gramatical, sintáctico, social que hace posible la comunicación y la significación estables. La producción del sentido y la constitución del sujeto ocurren en la articulación tensional entre estos dos registros.

El sujeto no es, entonces, una entidad estable dotada de identidad fija, sino un proceso continuo de constitución y desintegración en el que el orden simbólico intenta domesticar la efervescencia semiótica, y lo semiótico irrumpe periódicamente para amenazar y renovar el simbólico. La vanguardia poética hace especialmente visible este proceso: mediante la ruptura sintáctica, el juego rítmico, la carga sonora y afectiva, el discurso poético permite que las pulsiones semióticas se filtren en el simbólico, produciendo tanto novedad estética como riesgo psíquico. Los grandes escritores de vanguardia son, para Kristeva, quienes se colocan en la frontera del proceso subjetivo y, al hacerlo, se exponen a la psicosis, tema que retomará en obras posteriores como Poderes de la perversión (Pouvoirs de l’horreur, 1980) y Soleil noir (1987).

El concepto ha sido central para el feminismo, la teoría queer y los estudios literarios contemporáneos: permite pensar identidades no reducibles a esencias, articular deseo y lenguaje sin ceder al determinismo lingüístico, y mantener la posibilidad de la agencia sin exigir un yo unitario metafísicamente robusto.

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