Definición

Real, Simbólico e Imaginario son los tres registros con los que Jacques Lacan articula la estructura de la experiencia humana. No son etapas de un desarrollo ni regiones ontológicas separadas: son órdenes que se anudan entre sí y sostienen conjuntamente la posibilidad del sujeto. Lacan los presenta y los reformula a lo largo de su enseñanza (a partir de los seminarios de los años cincuenta) y, hacia el final, los articula como los tres redondeles del nudo borromeo: si se corta uno, los otros dos se sueltan.

El Imaginario es el registro de la imagen, la identificación, el señuelo. Su matriz es el estadio del espejo: el bebé se reconoce en su imagen especular, se aliena en una totalidad que anticipa la coordinación motriz que aún no tiene. El Imaginario produce yo, forma, cuerpo unificado, semejanza. Es el registro donde la relación con el otro está teñida de rivalidad narcisista y de identificación reactiva. Sostiene el amor y el odio en su vertiente dual.

El Simbólico es el registro de la palabra, la ley, la estructura significante. Es el orden del lenguaje entendido como sistema diferencial, del padre entendido como función (no como progenitor real), del significante que representa al sujeto para otro significante. Cuando el niño accede al lenguaje, entra en el campo del Otro y queda dividido: hay un sujeto de la enunciación y un sujeto del enunciado, y entre ellos se abre el inconsciente estructurado como lenguaje.

El Real es aquello que resiste a la simbolización, lo imposible de decir, el resto que ningún significante puede capturar. No es la realidad empírica; es el borde donde el lenguaje falla. Lacan lo piensa como lo que retorna siempre al mismo lugar, como el trauma, como el goce que no cabe en el placer regulado por el significante. La clínica psicoanalítica se juega en las torsiones entre estos tres registros.

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