Definición
La categoría de sociedad abierta, aunque acuñada previamente por Henri Bergson en Las dos fuentes de la moral y de la religión (1932), adquiere en la obra de Karl Popper una elaboración política sistemática expuesta en los dos volúmenes de La sociedad abierta y sus enemigos (The Open Society and Its Enemies, 1945), redactados durante su exilio neozelandés en el período final de la Segunda Guerra Mundial. Popper distingue en esta obra dos grandes tipos históricos de organización social. La sociedad cerrada, o mágico-tribal, se caracteriza por la sumisión de sus miembros a una tradición sagrada e incuestionable, por la ausencia de reflexión crítica sobre las instituciones y por la identificación inmediata de cada individuo con su rol prescrito por el orden colectivo. La sociedad abierta, en cambio, surge cuando los individuos comienzan a ejercer decisiones personales frente a los tabúes heredados, cuando los asuntos comunes se someten a discusión racional y cuando las instituciones se conciben como productos humanos revisables mediante crítica argumentativa. Popper identifica los orígenes de la sociedad abierta en la Atenas del siglo V a.C., ubicando en la sofística, en Sócrates y en Demócrito los primeros pasos de esta transformación cuya interrupción reaccionaria comenzaría con Platón, a quien Popper acusa de haber traicionado la herencia socrática mediante la construcción utópica de una polis cerrada dominada por reyes-filósofos. La sociedad abierta se caracteriza por su falibilismo institucional, esto es, por la aceptación de que ninguna respuesta política es definitiva y de que las instituciones deben ser diseñadas de modo que permitan corregir los errores sin necesidad de recurrir a la violencia. De esta caracterización se sigue la centralidad de la democracia representativa, no tanto por su capacidad de traducir la voluntad popular como por su capacidad de destituir gobiernos malos sin derramamiento de sangre, criterio que Popper considera más fundamental que cualquier idealización sustantiva de la soberanía popular. Los enemigos de la sociedad abierta son, según Popper, quienes pretenden restaurar la cerrazón bajo formas modernas, desde el idealismo hegeliano hasta el marxismo historicista y los fascismos, cuya matriz común residiría en la ambición de subordinar la crítica racional a un supuesto conocimiento privilegiado del sentido de la historia.