Definición

La tesis del mito como fuerza política es articulada por José Carlos Mariátegui en los ensayos El hombre y el mito (1925), publicado en la revista Mundial, y desarrollada de manera transversal en los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928). Mariátegui retoma explícitamente la formulación soreliana de las Réflexions sur la violence (1908), donde Georges Sorel había sostenido que ninguna acción revolucionaria de gran alcance puede sostenerse sobre el cálculo racional utilitario, y que las masas solo se movilizan cuando disponen de un mito capaz de aglutinar afectos, esperanzas escatológicas y voluntad de combate; en Sorel ese mito era la huelga general proletaria. Mariátegui radicaliza la operación desde una periferia latinoamericana y la combina con una crítica al positivismo cientificista que dominaba la intelectualidad peruana de comienzos del siglo XX, para sostener que el marxismo mismo, si aspiraba a convertirse en fuerza histórica en América Latina, debía asumir su dimensión mítica y no reducirse a una sociología económica desencantada. En este movimiento, Mariátegui recupera el mito indígena, la comunidad andina del ayllu y la memoria del incanato como materiales míticos capaces de proveer al socialismo peruano una densidad simbólica propia, evitando la trasplantación mecánica del marxismo europeo. La categoría opera así en tres niveles articulados: como polémica contra el racionalismo estrecho de la izquierda ortodoxa, como recuperación de una tradición no marxista pero funcional a la revolución, y como afirmación del carácter espiritual e incluso religioso de toda gran empresa política. La formulación anticipa debates posteriores sobre el populismo, la nación y el imaginario, y resuena en Ernesto Laclau, Enrique Dussel y en las teologías políticas latinoamericanas.

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