Definición

La teoría del mito como metalenguaje constituye la aportación fundacional de Roland Barthes al análisis semiológico de la cultura contemporánea. La formulación se despliega en Mitologías (Mythologies, 1957), obra que reúne cincuenta y tres breves ensayos publicados originalmente en la revista Les Lettres nouvelles entre 1954 y 1956 sobre fenómenos aparentemente banales de la vida cotidiana francesa —el catch, el bistec con papas fritas, el nuevo Citroën, el rostro de Garbo, el vino, el turismo de la Guía Azul, el striptease, el juguete infantil—, precedidos por un ensayo teórico final titulado “El mito, hoy” (Le mythe, aujourd’hui) donde Barthes formula sistemáticamente los principios de su semiología del mito.

El aporte central consiste en aplicar el modelo saussureano del signo lingüístico —que distingue significante (imagen acústica) y significado (concepto) unidos en un signo total— a los mensajes ideológicos que circulan en la cultura masiva mediante una operación de doble nivel semiológico. En el nivel primario, un signo lingüístico ordinario relaciona un significante con un significado y produce un signo total con sentido cerrado. Ejemplo: la fotografía en la portada de Paris Match muestra a un joven soldado africano vestido con uniforme francés que hace el saludo militar con la mirada dirigida presumiblemente a la bandera. En el nivel de la lectura denotativa, este signo total nombra simplemente lo que muestra: un soldado saludando.

El mito interviene, según Barthes, cuando este signo total del nivel primario es capturado por un segundo sistema semiológico que lo utiliza como significante de un nuevo significado ideológico. El signo total del primer nivel —soldado africano saludando— se vacía parcialmente de su historia concreta específica (quién es el soldado, cuándo se tomó la foto, en qué contexto) y se convierte en significante formal de un mensaje mucho más amplio: “el Imperio francés es una gran unión sin discriminación racial en la que todos sus hijos, independientemente del color de piel, sirven fielmente bajo su bandera; los detractores del colonialismo francés no tienen razón cuando denuncian racismo o violencia colonial”. Este segundo nivel es el nivel del mito propiamente dicho.

La operación mítica funciona precisamente porque parece natural: no se percibe como argumento ideológico articulado —que podría ser discutido, refutado, contextualizado— sino como constatación evidente de la realidad. El mito, sostiene Barthes, transforma la historia en naturaleza: presenta como dato obvio de la realidad lo que en verdad es construcción cultural específicamente ubicada en intereses particulares. La ideología burguesa opera predominantemente por esta vía mítica: no argumenta explícitamente por sus valores (individualismo, propiedad privada, familia nuclear, meritocracia, patriotismo) sino que los inscribe en la textura de lo que aparece como sentido común, como cotidiano indiscutible, como sensación compartida.

Barthes analiza en sus ensayos cortos múltiples ejemplos de este mecanismo: el mito del bistec francés como emblema de virilidad nacional, el mito del vino como sustancia democrática que integra clases sociales, el mito del automóvil DS Citroën como objeto extraterrestre y a la vez masivamente accesible que promete progreso técnico sin conflictos sociales. La lectura semiológica de Barthes desnaturaliza sistemáticamente estos objetos aparentemente inocuos, mostrando cómo transportan cargas ideológicas específicas que naturalizan intereses de clase, género y raza.

La influencia teórica del planteamiento ha sido considerable. Ha nutrido los estudios culturales británicos (Stuart Hall retomó explícitamente el marco barthesiano), el análisis crítico del discurso publicitario, la semiótica visual, la sociología de la comunicación de masas, la crítica feminista de las representaciones mediáticas y buena parte del pensamiento contemporáneo sobre la producción cultural del sentido común neoliberal.

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