Definición
El pensamiento mediterráneo (pensée méridienne, también pensamiento del mediodía) constituye una categoría filosófico-cultural desarrollada por Albert Camus especialmente en la última parte de “El hombre rebelde” (L’Homme révolté, 1951), donde se convierte en la propuesta positiva que emerge de su crítica devastadora de las revoluciones totales del siglo XX. Camus, nacido en Mondovi (Argelia) en 1913 en una familia de colonos pobres de origen alsaciano y menorquín, cultivó desde su juventud una filiación existencial y estética con el Mediterráneo, articulada previamente en textos líricos como “El revés y el derecho” (1937), “Bodas” (1938) y “El verano” (1954), donde canta la sensualidad solar de las tierras del sur, el mar, la carne, la juventud, la pobreza radiante de la costa argelina. En el capítulo final de “El hombre rebelde”, esta filiación se filosofa en una oposición estructural entre dos modos del pensar occidental. El pensamiento nórdico —que Camus asocia con el idealismo alemán hegeliano, el marxismo, el nihilismo ruso y las revoluciones totales del siglo XX— privilegia la abstracción sistemática, la totalización dialéctica de la historia, el sacrificio del presente a un futuro utópico, la subordinación de los individuos concretos a la Historia mayúscula. Este pensamiento, deudor del cristianismo protestante y de la teología histórica secularizada, termina justificando el terror en nombre de la razón futura y produciendo campos de concentración, purgas y crímenes de Estado. El pensamiento mediterráneo, en cambio, se enraíza en la sabiduría griega presocrática y estoica, en la aceptación de los límites de la condición humana, en el reconocimiento de la belleza sensible del presente, en la mesura (mesotēs, medida griega) que rechaza los excesos totalizadores. Camus lo asocia con Heráclito, Empédocles, los estoicos tardíos, y ve su prolongación estética en la tragedia griega y en el arte mediterráneo. El pensamiento mediterráneo no niega la rebeldía sino que la limita: es rebelde contra la injusticia pero sabe detenerse antes de convertirse en revolución destructora total. Camus opuso esta orientación al existencialismo sartriano de “La náusea” y “El ser y la nada”, que consideraba tributario del nihilismo nórdico. La categoría fue causa mayor de la ruptura pública con Sartre en 1952 y del ostracismo intelectual que sufrió Camus durante los años siguientes en la izquierda intelectual francesa.