Definición

El interés social (Gemeinschaftsgefühl en el original alemán, traducido también como sentimiento comunitario o sentimiento de comunidad) constituye una de las categorías más originales y filosóficamente cargadas de la psicología individual de Alfred Adler (1870-1937), desarrollada especialmente en “El sentido de la vida” (Der Sinn des Lebens, 1933), en “El carácter neurótico” (1912) y en múltiples ensayos didácticos. Adler la introduce como criterio último de salud psicológica y madurez ética, en explícita distinción con las motivaciones libidinales del psicoanálisis freudiano —del que se separó en 1911 tras el rechazo de Freud a sus ideas— y con los mecanismos meramente egoístas de compensación de la inferioridad. El interés social designa la capacidad del ser humano para sentirse ligado con toda la humanidad, para identificarse afectivamente con la comunidad como un todo mayor que el ego individual, para contribuir activamente al bien común y para experimentar los problemas colectivos como propios. Adler lo concibe como una disposición innata que requiere ser cultivada mediante la educación temprana y la experiencia relacional adecuada; no aparece automáticamente sino que exige desarrollo cuidadoso. La psicología individual sostiene que todo ser humano está atravesado desde la infancia por sentimientos de inferioridad ante los adultos y ante las tareas de la vida, y que responde a estos sentimientos mediante estrategias compensatorias inconscientes que se cristalizan en un estilo de vida. Cuando la compensación se orienta hacia la superioridad personal, el poder sobre los otros, el prestigio individual o la evitación de las tareas vitales, produce las diversas formas de neurosis y desajuste; cuando se orienta en cambio hacia la contribución al bien común, hacia la cooperación con los otros y la solución de las tres tareas vitales —trabajo, amor y comunidad—, produce salud psíquica genuina. El interés social es así el criterio ético-clínico central: la neurosis se define como un déficit de interés social, y la terapia debe estimular su desarrollo. Esta categoría vincula intrínsecamente psicología y ética, y ha influido en corrientes humanistas, en la logoterapia frankleana y en la psicología positiva contemporánea.

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