Definición
El finalismo, en el marco de la psicología individual de Alfred Adler, constituye un principio explicativo fundamental que sostiene que la conducta humana debe comprenderse en función de las metas, propósitos y objetivos hacia los cuales el sujeto se orienta, y no exclusivamente por las causas pasadas o los determinantes biográficos que la habrían producido. Adler formuló esta perspectiva teleológica en obras como “El carácter neurótico” (1912) y “El sentido de la vida” (1933), en explícita contraposición al determinismo causal del psicoanálisis freudiano, que privilegiaba la etiología infantil y la fijación pulsional como claves interpretativas del síntoma. Para Adler, todo comportamiento, incluso el aparentemente irracional, patológico o autodestructivo, obedece a un plan de vida inconsciente que el sujeto ha elaborado desde la infancia como estrategia para superar sentimientos de inferioridad y alcanzar una meta ficticia de superioridad, plenitud o compensación. Esta finalidad no es necesariamente consciente ni realista, sino una ficción rectora, expresión que Adler toma de Hans Vaihinger y su filosofía del como sí, que orienta la conducta como si fuera verdadera aunque no lo sea. El finalismo adleriano no niega la existencia de causas pasadas ni de traumas infantiles, pero les otorga un lugar subordinado: el pasado importa solo en la medida en que el sujeto lo utiliza para construir su meta futura. Este giro teleológico tiene importantes implicaciones terapéuticas, pues desplaza el foco desde la arqueología del síntoma hacia el análisis del estilo de vida y la reorientación de las metas hacia el sentimiento de comunidad, principio ético fundamental de la psicología individual. El finalismo adleriano será reelaborado más tarde por la logoterapia de Viktor Frankl y por corrientes cognitivo-conductuales contemporáneas.