Definición
La distinción entre inmanencia y trascendencia constituye una de las categorías analíticas fundamentales del existencialismo feminista de Simone de Beauvoir, formulada especialmente en “El segundo sexo” (Le Deuxième Sexe, 1949) y en obras filosóficas anteriores como “Pirro y Cineas” (1944) y “Para una moral de la ambigüedad” (1947). Beauvoir retoma la contraposición existencialista sartriana entre el en-sí (l’en-soi), ser inerte y clausurado sobre sí mismo, y el para-sí (le pour-soi), conciencia libre que se proyecta hacia el futuro y trasciende su facticidad mediante proyectos concretos, y la aplica al análisis de la condición femenina. La trascendencia designa el movimiento activo del sujeto que se proyecta al mundo, se hace, se abre al porvenir mediante la libertad, produce obra, transforma su facticidad en existencia significativa. La inmanencia designa, en cambio, la clausura sobre sí, la repetición estéril de lo dado, la sumisión al ciclo de la reproducción biológica y de las tareas domésticas repetitivas que no dejan huella acumulable. Beauvoir sostiene que la opresión histórica de las mujeres se estructura precisamente en esta dialéctica: la sociedad patriarcal ha asignado sistemáticamente a las mujeres el rol de la inmanencia —los cuidados, la reproducción, el mantenimiento doméstico, la infancia, el cuerpo entendido como carne pasiva— mientras reserva a los hombres el ejercicio de la trascendencia —el trabajo productivo, la política, la creación intelectual y artística, la aventura. Cuando la mujer aspira a proyectos trascendentes, la sociedad la castiga o la disuade, obligándola a interiorizar su condición inmanente como natural. Pero la inmanencia, insiste Beauvoir, no es un destino biológico ni una naturaleza femenina esencial: es una situación histórica producida por relaciones sociales concretas. Su famosa fórmula “no se nace mujer, se llega a serlo” condensa esta tesis. La superación de la opresión exige que las mujeres reivindiquen su capacidad trascendente y accedan a las condiciones materiales, económicas y culturales que la hacen posible. La distinción articula así existencialismo y feminismo, ontología y política.