Definición
La categoría de hechos institucionales, desarrollada sistemáticamente por John R. Searle en “La construcción de la realidad social” (1995) y ampliada en “Making the Social World” (2010), constituye la piedra angular de su ontología social y de su tentativa de derivar la realidad social a partir de una ontología materialista y de una filosofía del lenguaje del acto de habla. Searle distingue entre hechos brutos y hechos institucionales. Los hechos brutos, como el peso de una piedra, la temperatura del agua o la existencia del monte Everest, son ontológicamente objetivos, es decir, existen con independencia de las representaciones humanas. Los hechos institucionales, como el valor de un billete de veinte dólares, la existencia de un matrimonio, la condición de propietario de una casa, el resultado de una partida de ajedrez o la vigencia de un derecho, existen únicamente porque los seres humanos les atribuimos colectivamente esa existencia mediante la intencionalidad compartida. Un pedazo de papel con ciertas marcas cuenta como dinero solo dentro de un sistema institucional que reconoce tal función de status. Searle formaliza el mecanismo constitutivo mediante la fórmula X cuenta como Y en el contexto C, donde X es un hecho bruto o previamente institucional, Y es la función de status asignada colectivamente y C es el contexto normativo pertinente. Los hechos institucionales requieren, además de la aceptación colectiva, la existencia de reglas constitutivas, la asignación de funciones de status y, típicamente, el uso del lenguaje como vehículo indispensable para su creación y perpetuación. Esta ontología permite explicar cómo un mundo compuesto de partículas físicas en campos de fuerza da lugar a realidades como dinero, gobiernos, matrimonios y universidades, sin recurrir a entidades misteriosas. La teoría dialoga con el pragmatismo, la teoría de los actos de habla de Austin y las tradiciones sociológicas sobre construcción social de la realidad como la de Berger y Luckmann.