Definición
La contraproductividad (counterproductivity) es una categoría central del pensamiento crítico de Iván Illich, formulada en el ensayo Herramientas para la convivencialidad (Tools for Conviviality, 1973) y desarrollada en su cuarteto sobre las instituciones modernas: Deschooling Society (1971) sobre la escuela, Energy and Equity (1974) sobre el transporte, Medical Nemesis (1976) sobre la medicina y The Right to Useful Unemployment (1978) sobre el trabajo asalariado. Illich, sacerdote croata-austríaco nacionalizado mexicano y fundador del Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en Cuernavaca entre 1961 y 1976, ejerció desde ese centro una crítica radical de las instituciones industriales modernas. La tesis de la contraproductividad sostiene que las grandes instituciones modernas —escuela, hospital, sistema de transporte, industria alimentaria, sistema legal— alcanzan en cierto momento un umbral crítico a partir del cual, si su crecimiento continúa, producen sistemáticamente el efecto contrario al que declaran perseguir. La escuela, cuya función declarada es educar, produce a partir de cierto umbral analfabetismo funcional, discapacita para el aprendizaje autónomo, transforma el saber en mercancía escasa y jerarquiza a los seres humanos según credenciales que poco tienen que ver con la sabiduría real. La medicina, cuya función es sanar, produce a partir de cierto umbral iatrogenia masiva —enfermedades causadas por la propia intervención médica—, medicaliza situaciones de la vida (nacimiento, muerte, envejecimiento, malestar existencial) que no eran enfermedades, expropia la capacidad de las personas de cuidar de sí y sus comunidades, y genera dependencia crónica del sistema sanitario. El transporte automotor, cuya función es acelerar los desplazamientos, produce a partir de cierto umbral congestión crónica, mayor tiempo total dedicado al desplazamiento (contando el trabajo necesario para pagar el auto), destrucción de las ciudades caminables y monopolio de la movilidad a costa de los pobres. Illich no defiende un ludismo primitivista sino una escala convivencial de las herramientas: instrumentos que amplían la autonomía sin monopolizar la actividad, que pueden ser usados y comprendidos por todos, y cuya extensión no exige la exclusión de los usuarios de las decisiones sobre su uso. La categoría influyó decisivamente en el ecologismo político, en las críticas al desarrollismo y en las lecturas contemporáneas sobre los límites del crecimiento.