Definición
Las cartas terapéuticas son una de las prácticas más distintivas y elaboradas de la terapia narrativa desarrollada por David Epston y Michael White, expuestas sistemáticamente en Narrative Means to Therapeutic Ends (1990) y en la colección Family Therapy Case Studies dedicada a la correspondencia clínica, así como en artículos y compilaciones posteriores. Epston, terapeuta neozelandés formado en trabajo social y antropología, comenzó a escribir cartas a sus consultantes entre sesiones a comienzos de los años ochenta como recurso reflexivo para consolidar el trabajo realizado, y con el tiempo desarrolló la carta como intervención clínica de pleno derecho, con una tipología, unos principios y una teoría propia. Una carta terapéutica no es un resumen administrativo de la sesión ni una prescripción técnica, sino un documento reflexivo y personal en el cual el terapeuta escribe al consultante en un tono cuidadoso, recogiendo lo que ha oído y visto, subrayando los momentos donde emergieron acontecimientos extraordinarios que contradecían la historia dominante saturada de problema, formulando preguntas que abren nuevas líneas de indagación y ofreciendo devoluciones que reconocen habilidades, valores e intenciones. Epston distingue distintos géneros: cartas de invitación a personas ausentes de la terapia, cartas de contratación, cartas resumen entre sesiones, cartas de despedida al problema personificado, cartas breves para señalar avances, cartas de referencia como testimonios de identidad, cartas circulares que unen a personas que enfrentan problemas semejantes. Investigaciones informales de seguimiento sugieren, según Epston, que una carta terapéutica bien elaborada puede tener el impacto de varias sesiones y persistir en la memoria del consultante durante años, precisamente porque la escritura fija palabras que la conversación oral disolvería y porque la carta puede leerse y releerse en distintos momentos. La práctica se articula con los principios de la terapia narrativa: la externalización del problema, la búsqueda de acontecimientos extraordinarios, la reautoría de la identidad y la incorporación de testigos externos. Las cartas encarnan la ética colaborativa del enfoque, en el cual el consultante es autor primario de su vida y el terapeuta un coescritor respetuoso.