Definición
La brevedad de la vida es el tema conductor de uno de los diálogos morales más leídos de Séneca, De brevitate vitae, escrito hacia el año 49 de nuestra era y dirigido a Paulino, alto funcionario imperial encargado del abastecimiento de trigo. Séneca elabora en él una tesis paradójica que atraviesa toda la reflexión estoica sobre el tiempo: no es cierto que la vida sea corta como suele quejarse la mayoría; lo cierto es que la desperdiciamos, la extraviamos en ocupaciones innecesarias, en placeres huidizos, en servidumbres voluntarias, en el afán de acumular bienes que nunca disfrutaremos, en el juego de la ambición ajena. Si tomamos el tiempo que efectivamente vivimos con plena atención y disposición virtuosa, y lo separamos del tiempo perdido en distracciones, servilismos y afanes, descubrimos que la vida ha sido larga solo para muy pocos. La brevedad, entonces, no es una característica objetiva de la duración biológica sino la consecuencia subjetiva de un uso desatento del tiempo. Séneca articula esta tesis mediante una analogía patrimonial: nadie confiaría su hacienda a cualquier desconocido, y sin embargo entregamos nuestro tiempo, que es el bien más precioso, a quien nos lo solicite, sin exigir cuenta ni razón. La densidad del argumento se apoya en varios movimientos: primero, la distinción entre estar ocupado (occupatus) y estar dedicado al ocio filosófico (otium), donde el ocio no es inactividad sino tiempo dispuesto para la formación de sí; segundo, la doctrina estoica del presente como único tiempo del que somos verdaderamente propietarios, siendo el pasado ya perdido y el futuro no llegado; tercero, la insistencia en que solo la vida filosófica, entendida como conversación con los grandes autores y como ejercicio moral cotidiano, ensancha efectivamente la existencia integrando en ella los siglos ajenos que su lectura nos regala. La reflexión senequista sobre la brevedad se articula con las Cartas a Lucilio, con las Consolaciones y con toda su obra moral, y ha influido en Montaigne, en la Contrarreforma, en la meditatio mortis cristiana y en las reactualizaciones contemporáneas del estoicismo como filosofía práctica.