Definición
El apego seguro (secure attachment) es el patrón vincular temprano descrito por Mary Ainsworth a partir de sus observaciones sistemáticas del comportamiento infantil durante el procedimiento experimental de la Situación Extraña (Strange Situation Procedure, 1969-1978), diseñado para evaluar la respuesta del niño de doce a dieciocho meses frente a separaciones y reencuentros con su figura de cuidado principal. Se trata de la categoría normativa dentro de la tipología ainsworthiana, correspondiente a aquellos infantes que, expuestos al estrés controlado de la ausencia materna, exhiben una configuración conductual específica: exploran activamente el entorno cuando la figura de apego está presente, manifiestan una perturbación proporcional al separarse de ella y, sobre todo, se dejan reconfortar con rapidez y eficacia al reencuentro, retomando el juego exploratorio una vez recuperada la sensación de seguridad.
El patrón seguro no describe la ausencia de malestar sino la disponibilidad de una estrategia integrada de regulación afectiva: el niño ha aprendido, a través de la sensibilidad materna sostenida durante los primeros meses de vida, que sus señales de necesidad reciben una respuesta contingente, previsible y adecuada. Esta expectativa se organiza cognitivamente en lo que John Bowlby denominó modelo operativo interno (internal working model), una representación mental de sí mismo como digno de cuidado y del otro como confiable y accesible, plantilla que orientará las relaciones íntimas posteriores del sujeto a lo largo del ciclo vital.
Los estudios longitudinales de Minnesota (Sroufe, Egeland) y los metaanálisis clásicos han mostrado que aproximadamente entre 55 y 65 por ciento de los infantes de muestras normativas de bajo riesgo desarrollan apego seguro, y que este patrón se asocia con mejor competencia social preescolar, mayor regulación emocional en la adolescencia y capacidad más robusta para establecer vínculos románticos íntimos en la vida adulta. La transmisión intergeneracional del apego seguro depende no de la ausencia de problemas biográficos en el cuidador sino de su función reflexiva, es decir, de la capacidad de pensar los estados mentales propios y del niño de manera integrada y coherente, hallazgo central en la obra de Peter Fonagy y Mary Main.