Definición

La distinción entre sincronía y diacronía es una de las tesis metodológicas fundacionales del Cours de linguistique générale de Ferdinand de Saussure, compilado por Charles Bally y Albert Sechehaye a partir de los cursos ginebrinos de 1907-1911 y publicado póstumamente en 1916. Saussure sostiene que la lingüística, para constituirse como ciencia autónoma con objeto propio, debe distinguir rigurosamente dos perspectivas complementarias sobre el hecho lingüístico: la perspectiva sincrónica, que considera el estado de una lengua en un momento dado como sistema autoconsistente de valores diferenciales, y la perspectiva diacrónica, que sigue la evolución histórica de esa lengua a través del tiempo, atendiendo a los cambios fonéticos, morfológicos, léxicos y sintácticos que la transforman. La distinción no es meramente pedagógica sino epistemológica: los principios que rigen ambos ejes son distintos, sus datos son distintos, y confundirlos ha sido la causa, para Saussure, de los errores más persistentes de la lingüística comparada del siglo XIX. La lingüística histórica y comparada, dominante en Alemania desde Bopp y Rask, se había concentrado casi exclusivamente en la diacronía, reconstruyendo etimologías y protolenguas mediante el método comparativo, pero había descuidado sistemáticamente la sincronía, es decir, el hecho de que la lengua funciona en cada momento dado como sistema en el que los hablantes producen y comprenden significados sin conciencia de las trayectorias históricas que llevaron a los signos a su configuración actual. Saussure invierte la prioridad epistemológica y sostiene que el objeto propio de la lingüística estructural es el sistema sincrónico, porque es el único plano en el que la lengua funciona efectivamente como sistema de valores diferenciales, mientras la diacronía sólo puede estudiarse como sucesión de estados sincrónicos que se transforman por causas externas al sistema mismo. La analogía famosa que Saussure emplea es la del juego de ajedrez: comprender una partida en un momento dado no requiere conocer la historia de los movimientos previos, aunque cada posición sea resultado de esa historia; el sistema sincrónico basta para el análisis de las reglas que rigen las jugadas posibles. Esta jerarquización metodológica ha sido decisiva para el estructuralismo lingüístico posterior (Trubetzkoy, Jakobson, Hjelmslev), para la antropología estructural de Lévi-Strauss, para la semiología de Barthes y para el estructuralismo psicoanalítico de Lacan, aunque también ha sido criticada por olvidar las dimensiones históricas y pragmáticas del hecho lingüístico.

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