Definición

La rebeldía, en la obra madura de Albert Camus, particularmente en El hombre rebelde (L’Homme révolté, 1951), constituye el segundo momento de una arquitectura reflexiva que había comenzado con la constatación del absurdo en El mito de Sísifo. Mientras el absurdo describe el desajuste entre la exigencia humana de sentido y el silencio del mundo, la rebeldía nombra la respuesta activa que emerge cuando el sujeto, tras reconocer el absurdo, se niega a que las cosas sean como son y, al pronunciar su “no”, descubre simultáneamente un “sí” a algo en él que merece ser preservado. La rebeldía posee, por consiguiente, una estructura paradójica y afirmativa, pues el rebelde que rechaza una condición humana insoportable no protesta únicamente por sí mismo, sino que, al hacerlo, apela implícitamente a un valor común que le trasciende y que reconoce en todo semejante, razón por la cual Camus sintetiza este movimiento con la fórmula, evidentemente cartesiana en su forma, “me rebelo, luego somos”. La rebeldía inaugura así una comunidad ética que no depende de fundamentos trascendentes ni de garantías metafísicas, sino de la solidaridad concreta que emerge en el gesto mismo de resistir a la humillación. Ahora bien, Camus advierte con particular insistencia que la rebeldía se pervierte cuando abandona sus límites y se transmuta en revolución absoluta, esto es, cuando pretende fundar un orden nuevo mediante el terror y sacrifica al hombre presente en nombre del hombre futuro, cayendo entonces en la contradicción performativa de negar aquello que decía defender. La distinción entre rebeldía legítima y revolución nihilista, que atraviesa toda la segunda mitad del libro y que suscitó la célebre ruptura con Sartre, permite comprender por qué Camus concibe la rebeldía como una tensión permanente entre el sí y el no, entre la afirmación de la dignidad humana y el rechazo de todo absoluto que autorice la violencia sistemática en nombre de una historia por venir.

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