Definición
El concepto de pulsión de muerte (Todestrieb, Thanatos) fue introducido por Sigmund Freud en Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips), obra publicada en 1920 que marca el inicio de la reformulación mayor de la metapsicología freudiana conocida como segunda tópica y segunda teoría de las pulsiones, elaborada posteriormente en El yo y el ello (1923), El problema económico del masoquismo (1924) y El malestar en la cultura (1930). Freud se ve empujado a la hipótesis por un conjunto de observaciones clínicas que su primera teoría pulsional, centrada en la oposición entre pulsiones sexuales y pulsiones de autoconservación bajo el reinado del principio del placer, no lograba explicar satisfactoriamente: el fenómeno de la compulsión de repetición (Wiederholungszwang) observado en las neurosis traumáticas de los veteranos de la Gran Guerra, que revivían obsesivamente las escenas dolorosas en sueños repetidos contra la lógica del cumplimiento de deseo; el juego del carretel (fort-da) del pequeño nieto observado por Freud, que reescenificaba activamente la ausencia materna traumatizante; el masoquismo primario que parecía anteceder al desvío del sadismo hacia el propio yo; las resistencias tenaces al progreso del análisis; y la persistencia del sufrimiento en configuraciones donde el principio del placer debería haber operado en sentido opuesto. Freud postula entonces una polaridad pulsional más fundamental que la anterior: por un lado, Eros o pulsiones de vida, que agrupan las pulsiones sexuales y de autoconservación previamente distinguidas y tienden a unir, ligar y crear configuraciones vitales cada vez más complejas; por otro lado, Thanatos o pulsión de muerte, tendencia inherente a todo lo viviente al retorno hacia lo inorgánico previo, a la desligadura, a la repetición estereotipada, a la disolución de las tensiones vitales hacia el reposo absoluto que solo la muerte proporcionaría. La pulsión de muerte se manifiesta clínicamente como agresividad, destructividad, masoquismo, sadismo y compulsión de repetición. Su recepción dividió el psicoanálisis: rechazada por los ego psicólogos estadounidenses, fue radicalizada por Melanie Klein y por Jacques Lacan.