Definición

La expresión latina memento mori, que significa literalmente “recuerda que has de morir”, condensa una práctica espiritual cuya presencia atraviesa numerosas tradiciones filosóficas y religiosas, aunque su articulación como ejercicio sistemático debe buena parte de su elaboración clásica a los filósofos estoicos, particularmente a Marco Aurelio en las Meditaciones (Ta eis heautón, redactadas entre el 170 y el 180 d.C. durante las campañas militares del emperador filósofo en la frontera del Danubio). Aunque la fórmula latina en tanto tal no aparece con estas palabras en el texto griego de Marco Aurelio, la práctica que ella designa recorre casi cada página del libro, en la cual el emperador se recuerda continuamente que la vida es breve, que la muerte puede llegar en cualquier instante y que esta conciencia debe orientar cada acción y cada juicio del presente. La práctica del memento mori posee, dentro del marco estoico, una función precisa que conviene precisar. No se trata de una meditación morbosa sobre la nada de la vida ni de un estímulo hedonista para aprovechar el tiempo antes de que se acabe, tal como sugeriría la lectura epicúrea del carpe diem horaciano, sino de un ejercicio de lucidez que apunta a devolver al presente su peso y su gravedad efectivos, al despojar las preocupaciones cotidianas de la urgencia ilusoria que la ignorancia de la muerte les confería. Al recordar cotidianamente que somos mortales, el estoico se libera de las pequeñas ambiciones vanidosas, de los rencores irrelevantes, de las postergaciones perezosas de aquello que verdaderamente importa, y accede a una jerarquía de valores más justa en la cual la virtud, la razón y el bien común ocupan el lugar central. Marco Aurelio articula además esta práctica con la doctrina estoica del asentimiento a la providencia y del amor al destino, mostrando que la muerte forma parte del orden natural del cosmos y que aceptarla no como enemiga sino como parte integrante de la vida constituye la actitud propia del sabio. La práctica del memento mori fue retomada por la tradición cristiana medieval, particularmente en las órdenes monásticas y en la iconografía funeraria, transformándose en meditación sobre la vanidad de las cosas mundanas ante el juicio final, y ha resurgido en la filosofía contemporánea desde el ser-para-la-muerte heideggeriano hasta las diversas propuestas de recuperación de las prácticas espirituales antiguas.

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