Definición
La abducción es, en la arquitectura lógica de Charles Sanders Peirce, el tercer tipo de razonamiento, junto a la deducción y la inducción, y probablemente el más singular de los tres. Peirce elaboró el concepto desde los años ochenta del siglo diecinueve, revisándolo hasta sus Harvard Lectures on Pragmatism (1903) y los escritos tardíos recogidos en los Collected Papers, y le asignó una función irreductible: introducir en la cadena inferencial una hipótesis nueva capaz de explicar un hecho sorprendente. La forma canónica es esta: se observa un fenómeno C que resulta anómalo respecto del stock de creencias; si una hipótesis A fuese verdadera, C se seguiría como cuestión de curso; por tanto, hay razones para sospechar que A. La abducción no es demostrativa como la deducción ni estadísticamente conservadora como la inducción; es, en términos peirceanos, la única operación lógica que amplía genuinamente el conocimiento porque instaura conjeturas que después habrán de someterse a prueba deductiva e inductiva. Peirce llegó a llamarla también retroducción, subrayando su carácter de movimiento hacia atrás desde el efecto hacia una causa hipotética. En su semiótica, la abducción funciona como el vínculo entre percepción y pensamiento, pues los juicios perceptivos serían casos límite de abducción incontrolada. En el marco pragmatista, la máxima que exige juzgar los conceptos por sus consecuencias prácticas presupone una lógica del descubrimiento que ya no puede reducirse al inductivismo baconiano, y la abducción cumple ese papel. Su influencia posterior es considerable: Umberto Eco la utiliza para pensar la interpretación textual y la investigación detectivesca, la filosofía de la ciencia contemporánea la retoma bajo la fórmula de “inferencia a la mejor explicación” (Harman, Lipton), y las ciencias cognitivas la exploran como modelo del razonamiento diagnóstico. En Peirce, sin embargo, conserva un rasgo distintivo: es falible, económica y regulada por la razonabilidad general del universo.